El manejo de malezas con una mirada integral

Escrito por Florencia Sambito - Maleza Cero. Posteado en Novedades

El rol de los aspectos de la biología del sistema para erradicarlas por encima de los herbicidas.

Desde los albores de la agricultura, el hombre percibió la importancia de la interferencia causada por las malezas sobre los cultivos e invirtió cuantiosos recursos y energía en un esfuerzo denodado para combatirlas. En las últimas décadas el enfoque alternativo más utilizado para solucionar este problema consistió en el uso de herbicidas. Su alta eficacia condujo a la idea de la erradicación, continuamente renovada por el desarrollo de nuevos productos y repetidamente frustrada, lo que pone en evidencia la compleja realidad del problema.

El empleo de herbicidas se limita a la aplicación rutinaria de un agroquímico, sin considerar aspectos de la biología de las malezas ni su integración en programas de manejo que incluyan otras técnicas de control. Por eso,frente a la posibilidad de que se manifiesten problemas de tolerancia y/o resistencia a herbicidas, no debemos alarmarnos, sí estar alerta y tener en cuenta que la prevención es la actitud apropiada. Así, la implementación técnica de manejo integrado de malezas contribuyen a lograr ese objetivo. La aplicación de esta filosofía aportará sostenibilidad al agroecosistema.

Entre los componentes del manejo integrado de malezas podemos citar la rotación de cultivos, la rotación de herbicidas con distintos modos de acción, el monitoreo de malezas, la aplicación de conocimientos de biología al manejo que aporta a la oportunidad de las prácticas de manejo y por ende a su máximo impacto.

También la aplicación correcta de los herbicidas, sembrar semilla de buena calidad, de origen conocido y libre de propágalos de malezas, no sembrar sobre malezas vivas, selección de arreglos espaciales competitivos, limpieza de equipos, planificar las acciones: permite contar oportunamente con las herramientas de control más adecuadas y la generación de conocimientos y capacitación continua en manejo de malezas de todos los actores del proceso productivos.

Modo de acción

Los herbicidas son una de las maneras más económica, efectiva y confiable para controlar malezas. Es importante comprender que estos compuestos actúan inhibiendo procesos bioquímicos o vías de biosíntesis específicas de los vegetales. Esta es la actividad concreta de la secuencia de eventos denominada modo de acción (MoA) y su conocimiento es importante a fin de implementar racionalmente un programa de rotación de herbicidas.

En los últimos años se verificó una sobrestimación del potencial de la tecnología asociada al uso de glifosato e incluso de otros pocos herbicidas económicos, agravado por el desconocimiento, subutilización o indisponibilidad de otros principios activos y por la falta de aplicación de métodos de control no químicos. Se consideraba que podía prescindirse de información respecto al tipo de especies a controlar, su biología, la oportunidad y tecnología de aplicación, la dosis a utilizar, entre otros factores. Esto generó un empleo rutinario de unos pocos herbicidas aumentado así la presión de selección hacia especies de malezas con alto nivel de tolerancia o aún de resistencia a ellos. Estos procesos selectivos obligan la sofisticacón creciente de la tecnología de control de malezas.

Existe una idea errónea y muy generalizada que los problemas de malezas van a ser “mágicamente” resueltos por herbicidas con nuevos modos de acción que “están a punto de salir al mercado” y que permitirán continuar con el modelo productivo de “agricultura industrial”.

En realidad la revolución en materia de herbicidas ya ocurrió entre las décadas de 1970 y 1980 y la magnitud de esa revolución fue tal que sus efectos aún se perciben a través de la re-introducción en el mercado de variantes en forma de nuevas formulaciones o mezclas comerciales o incluso de moléculas de reciente introducción pero con modos de acción básicamente similares a los principios activos tradicionales; es importante asumir que ninguno de esos herbicidas es sustituto del glifosato y menos aún dentro del modelo agrícola industrial con base en el monocultivo.

Juan Carlos Papa / Protección vegetal, manejo de malezas (EEA Oliveros del Inta)

Fuente | La Capital

El “picudo negro” y las malezas vuelven a atacar los campos

Escrito por Florencia Sambito - Maleza Cero. Posteado en Novedades

Insectos voraces y “yuyos” resistentes exigen realizar monitoreos frecuentes.

 

PRESIONA. La “Eleusine indica”es una de las malezas detectadas.

Las intensas lluvias registradas en los últimos días del mes de enero (la semana pasada) trajeron alivio a los productores de granos gruesos en Tucumán y el NOA, en general, ya que permitieron que se cargaran como necesitaban los perfiles de los suelos (buena humedad). De esta manera se activaron con fuerza los trabajos a campo.

El productor Gonzalo Blasco, del departamento Burruyacu (noreste de Tucumán), dialogó con LA GACETA Rural y nos dejó su visión sobre la presente campaña.

* Siembra de soja: Venía atrasada ya que se había sembrado sólo un poco hasta el 5 de diciembre. La siembra se intensificó a partir del 25 de diciembre pasado, y puedo decir que concluyó el 15 de enero; pero incluso hay campos donde la siembra de soja llegó hasta el 20 de enero. Por este motivo, en su mayoría sembramos soja tardías.

* Siembra de maíz: El retraso en la soja se trasladó al maíz, que derivó en que en nuestra zona se hiciera todo con maíz tardío. Como conclusión puedo decir que Tucumán está en carrera, con ambos cultivos en estado vegetativo.

* Sequía: En la zona este fue muy fuerte el impacto, pero de un noviembre seco pasamos a un diciembre muy seco, ya que las lluvias registradas fueron sensiblemente menores a los registros normales para esa época del año. Por eso, no se pudo sembrar prácticamente nada; algún lote sí, pero excepcionalmente. En resumen: la sequía nos impactó con fuerza.

En Salta, la falta de agua fue muy brava, y recién el 15 de enero llovió, así que los campos estuvieron secos hasta esa fecha. Por eso, y a partir de las intensas lluvias que allí se vienen registrando, están sembrando soja y maíz sólo tardíos. Incluso, con el buen nivel de humedad que tienen, hay productores que ya están sembrando poroto. Puedo mencionar que hay campos donde cayeron 400 milímetros entre el sábado pasado y el jueves de esta semana. Pero este exceso de agua provocó importantes daños en la infraestructura.

* Tucumán y el poroto: Es muy temprano para hablar qué puede llegar a pasar en materia productiva. Este 2 de febrero (ayer viernes) estaría iniciando la siembra. Ante la proyección de que Brasil tendría una buena cosecha, los precios en el mercado local están deprimidos. Por eso, es muy temprano, para Tucumán, hacer un pronóstico, a pesar de la buena humedad que hay en los suelos. Pero con el agua acumulada en los campos puedo señalar que en el NOA sí se sembrará poroto en esta campaña.

* Malezas e insectos: En mi caso, al igual que muchos colegas, estoy haciendo aplicaciones para controlar las malezas, porque tenemos campos con presencia de “gramíneas” (existen algunas muy resistentes, como Echinochloa colona y Eleusine indica) y otros lotes con presión de “ataco resistente”.

Y en cuanto a los insectos, hay apariciones de “picudo negro de la vaina” o Rhyssomatus, y hasta en algunos lotes hay presencia de Promecops s.p. o “picudo chico” o “arañita”. La recomendación es hacer un control semanal, como mínimo, y si es posible hasta dos veces por semana, contra estos insectos que tanto dañan. Y en este sentido, cabe destacar que la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) de Tucumán ya viene realizando informes semanales sobre la emergencia contra el “picudo negro”.

Fuente | La Gaceta

Entre 2015 y 2017 se expandieron las especies de Amaranthus resistentes a glifosato

Escrito por Florencia Sambito - Maleza Cero. Posteado en Novedades

Así lo informo la red en conocimiento de malezas resistentes de Aapresid. Los Yuyos colorados y gramíneas son los grupos de malezas con mayor crecimiento zonal en los últimos dos años.

“Las malezas resistentes y tolerantes a herbicidas son un problema que avanza en todas las zonas productivas. El principio de la solución es cambiar la actitud ante la situación y el manejo agronómico” señala Aapresid en la pagina de REM, la primera Red de conocimiento en Malezas resistentes que identifica las especies resistentes a glifosato, observa su desempeño y confecciona mapas regionales, entre otras prestaciones.

Según informó la asociación, los yuyos colorados y las gramíneas lideran el Top 10 de las malezas difíciles que más avanzaron entre 2015 y 2017

“Los Yuyos colorados incrementan las zonas de expansión en cada campaña, los mapas de REM relevados en 2017 mostraron que al Amaranthus hybridus resistente se encontró en 120 partidos y departamentos provinciales, mientras que en 2015 se encontraba en 44. Por su parte, el Amaranthus palmeri, que en 2015 estaba presente en 52 partidos y departamentos, en 2017 se encontró en 95. El primero de ellos creció mayormente en las zonas Norte, Oeste y Sudeste de Buenos Aires, Entre Ríos, Norte de Santa Fe, NEA y NOA. El palmeri se difundió hacia el norte de La Pampa, Norte de Buenos Aires, Centro de Córdoba y el NEA” detalla el informe.

En orden de expansión le siguen las Chlorídeas, un grupo de gramíneas que se mencionaron en 25 nuevos partidos y departamentos frente al relevamiento de 2015. Se expandieron mayormente hacia el Norte y Oeste de Buenos Aires y La Pampa, ya que más al norte se encontraban presentes desde antes.

Un escalón más abajo se ubicó la Pata de gallina (Eleusine indica) resistente, que creció en 20 distritos, casi todos ubicados en la zona Norte de Buenos Aires.

El Pasto amargo (Digitaria insularis) es quien le siguió en crecimiento, con unos 10 nuevos departamentos y se ubicó mayormente en las zonas NEA y NOA. En este mismo nivel de crecimiento geográfico se ubicaron las Gomphrenas, (G. pulchella y G. perennis), amarantáceas muy tolerantes a glifosato, el Capín (Echinochloa colona), la Brachiaria o Pasto crespo (Urochloa panicoides) y el Sorgo de Alepo (Sorghum halepense) también resistente al glifosato, para completar la lista de las 10 malezas que más crecieron este período de 2 años.

“Sobre las causas de este permanente crecimiento geográfico de las malezas difíciles mucho puede decirse y cada especie tiene causas particulares. Existen las naturales donde muy poco puede hacerse (cursos de agua, viento, pájaros) pero el hombre colabora en gran medida con el transporte de maquinarias, animales, heno, granos. Para el caso de las Chlorideas y el Pasto amargo el viento es su principal fuente de dispersión, así como para Capín lo es el agua. Las semillas de Yuyo colorado son muy apetecibles para los pájaros y las corrientes de agua también llevan sus semillas, pero las cosechadoras hacen lo suyo y las transportan cientos de kilómetros. Una cuenta pendiente en Argentina que habría que abordar” culmina el informe.

Fuente: Infocampo

En mapas: así se expandieron las malezas resistentes en el país

Escrito por Florencia Sambito - Maleza Cero. Posteado en Novedades

La Red en conocimiento en Malezas (REM) que lidera Aapresid realizó un relevamiento de malezas resistentes y tolerantes y creó una visualización que permite apreciar su presencia desde 2013 por departamento.

A continuación, ingresando aquí se puede acceder a la visualización y realizar una comparación con la evolución de las malezas.Fuente | La Nación Campo

Una buena cobertura reduce 85% las malezas

Escrito por Florencia Sambito - Maleza Cero. Posteado en Novedades

Probaron con centeno, cebada y triticale con buenos resultados, porque estabilizan el suelo y captan y distribuyen mejor el agua de lluvia antes de los cultivos estivales.

Conocidos por los múltiples beneficios que aportan al suelo, tanto el centeno, la cebada como el triticale contribuyen a la sustentabilidad de los sistemas en regiones semiáridas, debido a que estabilizan el suelo y mejoran la captación y redistribución del agua de lluvia, entre otras características.

Especialistas del INTA-San Luis determinaron luego de algunos ensayos a campo que su incorporación planificada en las rotaciones protege el suelo de la erosión eólica y reduce hasta un 85% la densidad de malezas, lo que los convierte en una especie de “panacea” en momentos en los que esta vegetación indeseada está haciendo estragos en todo el centro del país.

Juan Cruz Colazo, especialista en manejo de suelos y cultivos de esa unidad del INTA, aseguró que “el uso de cultivos de cobertura es una tecnología cuya adopción creció considerablemente y, en la actualidad, forma parte del núcleo de políticas de conservación de suelos en la Provincia de San Luis”.

En la provincia predominan los suelos arenosos, susceptibles a la erosión eólica, una tendencia que se incrementa a medida que avanzamos hacia el sur, en el Departamento Dupuy, donde prácticamente toda la actividad rural se concentra en la ganadería justamente porque es muy difícil sostener una agricultura intensiva por la falta de agua (que además en varios sectores tiene arsénico) y de suelos aptos.

“Cultivos como el centeno nos permite controlar y reducir la pérdida de suelo”, indicó Colazo, quien aclaró: “Un estudio que comparó la tasa de erosión en suelos similares de San Luis y el sur de Córdoba determinó que, a pesar del bajo rendimiento del cultivo de cobertura, la erosión se redujo en un tercio. Y esto no es un dato menor”. Claro, la búsqueda es justamente por ese lado, entonces no interesan tanto los kilos por hectárea que pueda rendir una cebada o un centeno ya que el objetivo no es comercializar la cosecha, la ganancia está en la protección del suelo, por lo que a largo plazo se verá reflejada en el éxito de futuras campañas sobre esa misma superficie, que estará más protegida.

El desafío de las malezas

El control de las malezas resistentes es uno de los principales desafíos que enfrentan los sistemas de producción y los planteos agrícolas de San Luis no son la excepción. Desde el yuyo colorado (que fue la especie que más se desarrolló en los últimos años) hasta la tradicional roseta, los campos se fueron poblando de estas plantas que compiten con los cultivos de verano por el agua y la luz, causando estragos en los rendimientos. Sin embargo, esos estudios del organismo nacional realizados en el sur de San Luis mostraron reducciones de hasta el 85% en la densidad de malezas previo a la siembra de los cultivos estivales.

En este sentido, Colazo junto con el grupo de producción agrícola del INTA San Luis y referentes de los Programas Nacionales de Suelo y Agua, trabajan en el análisis y estudio de las especies de gramíneas y leguminosas que mejor se adaptan a zonas semiáridas, como las que presenta esta provincia y también el sur de Córdoba, donde la eficiencia en el uso del agua es un aspecto clave. “En una primera etapa, nos concentramos en establecer el costo hídrico de los cultivos de cobertura debido a que la humedad en el suelo no es algo que sobre aquí”, señaló el especialista, apuntando a la falta de agua en el primer metro, todo un desafío para la agricultura en el semiárido en una zona donde las lluvias están absolutamente concentradas en el período que va de octubre a marzo.

No afectan el consumo hídrico

Resultados de ocho años de investigación mostraron valores de costos hídricos medios que variaron entre 17 y 44 milímetros, un consumo similar al de regiones más húmedas y que al momento de siembra del maíz no generó una disminución en la oferta hídrica, por lo que quedó claro que el centeno, la cebada y el triticale no iban a cambiar la ecuación en cuanto al uso del agua de la napa. “Nuestro trabajo se centra en el estudio de las especies y las variedades, la fertilización, la fecha de siembra y el momento de secado óptimo y recomendados para San Luis”, expresó Colazo, quien ejemplificó que “el centeno, en especial sus variedades de crecimiento rápido, se destaca en la producción de materia seca frente a la cebada o el triticale”.

La fertilización nitrogenada es otro aspecto a tener en cuenta. “Si bien los efectos son indiscutidos, el aumento en los rindes de materia seca dependerá del contenido de agua que tenga el suelo al momento de la siembra, por lo que recomendamos las fechas más tempranas, que se dan en abril y mayo”, cerró Colazo.

Fuente: Diario La República

Buenos resultados del IV coloquio sobre manejo de malezas de caña

Escrito por Florencia Sambito - Maleza Cero. Posteado en Novedades

El Coloquio organizado por la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), la Facultad de Agronomía y Zootecnia (FAZ) de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) y el INTA, donde se trató el manejo del Tupulo (Sicyos polyacanthusCogn), tuvo excelentes repercusiones.

Este encuentro se desarrolló a partir de la creación de un Consorcio de Malezas en Caña de Azúcar originado en un viaje que Adama realizó a Colombia. “Tras este viaje y por iniciativa del Ing. Agr. Ignacio Olea, de la EEAOC, se formó este grupo que generó numerosa información e incorporación de activos y soluciones a la actividad cañera del país”, manifestó el Ing. Agr. Javier Honorato.

Durante el encuentro realizado el jueves pasado, en la sede de El Manantial asistieron productores, asesores y técnicos relacionados a la actividad azucarera. También participaron alumnos de las carreras vinculadas.

El tema que convocó a los especialistas se refirió a una maleza (Tupulo – Sysius polyacanthus) específica de la región. “Resulta importante lograr controlarla ya que ocasiona grandes dolores de cabeza en el manejo del cultivo, desde su cosecha pasando por todo su crecimiento”, resumió Honorato.

En el panel estuvieron presentes algunos de los socios fundadores de este grupo, quienes aportaron información muy valiosa desde su experiencia en el manejo de la problemática de malezas en general y de tupulo, en particular, en las empresas que se desempeñan.

Asistieron el Téc. Santiago Moyano (Bulacio Argenti), y los Ings. Agrs. Esteban Brito (Compañía Azucarera Los Balcanes), Sebastian Vicic (Ingenio La Providencia – Arcor), Javier Honorato (Adama Argentina SA) y Roberto Sopena (Director INTA Famailla), quien ofició de moderador.

Honorato disertó acerca de si debemos re-evaluar a los herbicidas en su aptitud para controlar al Tupulo y si es necesario seguir investigando en el uso de herbicida. Resaltó que es importante hacer uso eficiente de los principios activos y conocer los diferentes modos de acción para poder combinarlos.

Propuso además conocer las localidades y características geográficas de los lotes para saber en qué momento se dispone del agua, si es en secano o con riego suplementario, como así también saber en qué momento del año es más efectivo el uso de los diferentes herbicidas. Pidió asimismo a los productores “saber identificar si un herbicida es caro o costoso” y cuánto cuestan en días/control/dosis de los diferentes productos”.

Recalcó que el control de las malezas es a través de un sistema o modelo de trabajo y que “la solución no es con un solo producto”. “Es importante darle importancia a los productos que están registrado para el cultivo”, y agregó que hay empresas que están certificando ciertas normas de calidad y este factor es indispensable.

Finalmente, manifestó que “es importante no acumular en demasía ingredientes activos en forma innecesaria ya que esto originará inconvenientes en napas freáticas a futuro”.

Qué es el tupulo
El tupulo (Sicyos polyacanthus) es la única maleza de Tucumán que ha sido objeto de más de medio centenar de trabajos científicos publicados. Sin embargo, hoy constituye un problema aún mayor que hace 40 años, cuando comenzó a ser estudiada para su control químico en caña de azúcar, según información brindada por la Sección Manejo de Malezas de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC).

Esta enredadera anual, desde un comienzo mostró su tolerancia al 2,4-D y fue paulatinamente superando a otros herbicidas (piclorán, dicamba y ametrina). Actualmente se dispone de fórmulas para su control en postemergencia, pero esta maleza emerge por camadas (no menos de 4 o 5) y con esta estrategia sería necesario realizar un tratamiento para cada una de ellas.

En el IV Coloquio se analizaron diferentes estrategias para el manejo del tupulo a partir de analizar su biología, las bases para su teledetección y el empleo de mezclas de herbicidas residuales. Para el control cuando el cañaveral está cerrado, se sugirió el desarrollo de la tecnología de empleo drones para aplicaciones localizadas.

FUENTE: Prensa Adama

La súper maleza que puede soportar más de 25 dosis de glifosato

Escrito por Florencia Sambito - Maleza Cero. Posteado en Novedades

Eleusine indica, presente en numerosas explotaciones agrícolas de la Argentina y el mundo, desarrolló una altísima resistencia al herbicida. Es capaz de soportar más de 25 veces la dosis recomendada gracias a una rara alteración genética favorecida por años de aplicación.

 

Un estudio publicado en la revista científica Plant, Cell & Environment confirmó que la maleza Eleusine indica, o pie de gallina, resiste como mínimo 25 veces la dosis recomendada por los fabricantes del glifosato. El uso continuado por décadas y las altas dosis aplicadas en producciones agrícolas de Malasia provocaron la aparición de una segunda mutación en el gen que le brinda a esta maleza resistencia al glifosato. La doble alteración genética tiene una probabilidad muy baja de aparecer en forma natural: una en un billón (1×10-12). ¿Qué solución tienen los investigadores?

Según publicó el sitio Sobre La Tierra de la FAUBA, este evento sucedió en cultivos de arroz de Malasia, donde, al igual que en otros países, ya existían registros de resistencia al herbicida (como en la Argentina). Pero en esta ocasión, la resistencia dio un paso más: “Eleusine indica se encuentra en muchos agroecosistemas de todo el mundo, pero es la primera vez que aparecen dos variantes en un gen de esta maleza. A diferencia de las plantas que poseen una única mutación, las plantas con dos mutaciones no sufren ningún estrés al aplicarles el herbicida. Es como regarlas con agua”, resaltó Martín Vila Aiub, docente de la Cátedra de Ecología de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) e investigador independiente del Conicet.

Vila Aiub, quien realizó los experimentos en la University of Western Australia en conjunto con la FAUBA/CONICET y el Australian Herbicide Resistance Initiative (AHRI), explicó: “Si la dosis recomendada de glifosato es de un kilo por hectárea, estos mutantes naturales pueden seguir creciendo y reproduciéndose aun cuando son expuestos a 25 kilos de glifosato por hectárea. En los ensayos para medir resistencia usamos esa dosis como máxima, pero tranquilamente podríamos haber seguido observando lo mismo con 30 ó 50 kilos por hectárea”.

La aparición de esta doble alteración genética se encuentra relacionada con las décadas de aplicación de glifosato en dosis crecientes. Vila Aiub afirmó que el uso continuo del pesticida aumenta las probabilidades de estos eventos: “Un mutante resistente aparece en una frecuencia muy baja, pero como tras la aplicación mueren todas las plantas sin resistencia, en poco tiempo, los lotes terminan llenándose de plantas resistentes”.

Sin embargo, el investigador reveló la forma de combatir la multiplicación de esta elevada resistencia en los mutantes dobles: “Esta resistencia es muy costosa para la planta. Es decir, crece a tasas muy bajas y produce pocas semillas porque destina a la resistencia los recursos que podría usar para crecer. Por ello es la clara ganadora si se aplica el herbicida. Lo único que la mantiene en el sistema agrícola es el uso del glifosato. Dar un descanso en el uso de este herbicida reduce de forma drástica en los lotes la frecuencia de esta doble mutación”.

En cuanto a la situación local, advirtió que la especie se encuentra en la Argentina, incluso con resistencia reportada al glifosato, y que aún no saben si tiene la doble mutación, pero que, sencillamente, puede aparecer si continúa la alta dependencia en el uso de este herbicida como única herramienta de control químico de las malezas.

El costo de la resistencia
Hace 20 años, varios investigadores predijeron que era difícil que surgiera una resistencia al glifosato en las malezas. La realidad demostró lo contrario. Y en el caso particular de pie de gallina, la naturaleza muestra que tiene formas de evadir hasta agentes de estrés tan eficaces como este herbicida. Desde el punto de vista evolutivo, la aparición esta resistencia es un evento raro. “La aparición de una única mutación resistente tiene una probabilidad de suceder de una planta en un millón. Mientras tanto, la probabilidad de que surja un doble mutante es de una en un billón, puesto que implica una segunda mutación en una planta que ya posee la primera. Las probabilidades se multiplican”.

El docente de la FAUBA explicó que el pie de gallina con la doble mutación generó una barrera de defensa muy alta contra el glifosato, lo cual le permite mantenerse en el tiempo tras las sucesivas aplicaciones. Asimismo, agregó que si el lote entra en descanso, la frecuencia de este gen de resistencia desaparecería en tres o cuatro años.

No obstante, aclaró que por razones económicas se suele recurrir a otros herbicidas, generalmente más costosos para el productor y con mayor impacto ambiental. “Desde el ámbito científico podemos prevenir y recomendar buenas prácticas de manejo de la resistencia, pero suelen tomarse decisiones pensando sólo en el corto plazo”.

El famoso glifosato
El investigador contextualizó la situación del glifosato: “Es el herbicida más usado en la agricultura mundial para el control de malezas desde hace dos décadas. Puede controlar numerosas malezas y es un potente inhibidor de un metabolismo sólo presente en plantas y bacterias”.

Para Vila Aiub, en la Argentina también es el herbicida más utilizado desde la década del 90, luego de la entrada de la soja, el algodón y el maíz transgénicos. Sin embargo, en Europa, el glifosato no se usa de forma masiva porque no se aprobó legalmente ningún evento transgénico de resistencia al glifosato. El paquete tecnológico así lo requiere.

“La aparición de resistencia en malezas puede darse con cualquier otro herbicida que se aplique de modo continuo. Hasta hace un tiempo no se advertía en las etiquetas, pero recientemente en nuestro país, la compañía que manufactura el producto comenzó a advertir en la etiqueta la posibilidad de que se genere resistencia”, cerró.

Fuente: Todo Agro

Mucho más que una cobertura

Escrito por Florencia Sambito - Maleza Cero. Posteado en Novedades

Ocupar el lote con alguna especie vegetal en los períodos previos a la siembra agrícola tomó fuerza hace unos años ante el crítica situación de las malezas resistentes. Sin embargo ahora se los llama “cultivos de servicios” por otros beneficios que también pueden generar, desde el consumo de excesos hídricos hasta la fijación de nutrientes.

En un reciente artículo, el Dr. Hugo Permingeat, profesor e investigador en Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR (Universidad Nacional de Rosario) destacó la importancia de los cultivos de cobertura, también llamados “de servicios”, que si bien se han promovido principalmente como una práctica de conservación del suelo, también pueden proporcionar una amplia gama de posibles beneficios, incluyendo supresión de malezas, secuestro de carbono (C) en el suelo, aprovisionamiento y secuestro de nitrógeno (N) y aumento del potencial de colonización de hongos micorríticos. Las especies de cobertura específicas proporcionan diferentes beneficios agrícolas, como la cubierta del suelo, los recursos para insectos beneficiosos y el apoyo a los rendimientos de los cultivos comerciales.
“Algunos beneficios son proporcionales a la biomasa de estos cultivos de cobertura, como la supresión de malezas, la retención de N y las contribuciones del C del suelo, y una sola especie puede ser tan eficaz como múltiples especies al proporcionar la biomasa potencial máxima”, detalló.
Otros beneficios, que mencionó el catedrático, pueden estar relacionados con rasgos funcionales de las plantas, como la producción de aleloquímicos específicos, la capacidad de fijar el N atmosférico o la posibilidad de atraer insectos benéficos. “Todas estas virtudes que aporta el aumento de la diversidad de la comunidad vegetal -agregó- resultan en una mayor variedad de beneficios ecológicos; y cuando estos beneficios se acumulan en la sociedad se conocen como “servicios ecosistémicos”.
Más de una
En su artículo, Permingeat afirma que la siembra de mezclas de cultivos de cobertura ofrece a los agricultores la oportunidad de aumentar la diversidad de especies de plantas en su predio en el contexto de la rotación programada, aumentando potencialmente los servicios de los ecosistemas y directa o indirectamente mejoran el rendimiento de los cultivos.
Las mezclas de cultivos de cobertura pueden explotar el alto potencial de complementariedad en las comunidades de plantas con más de 10 especies. “Se han estudiado relativamente bien las mezclas de 2 especies, una gramínea y una leguminosa; sin embargo, con los años, ha ganado interés la siembra de más de 2 especies”.
En este sentido, mencionó a Murrell y colaboradores, que plantearon cuantificar la competitividad relativa de diferentes especies de cultivos de cobertura a lo largo del tiempo para identificar mezclas y tasas de siembra que optimizan la producción de biomasa, manteniendo al mismo tiempo un balance de múltiples especies. “Estos autores concluyen que una mayor diversidad de especies puede aumentar la producción de biomasa en las comunidades de plantas y proporcionar un mayor número de servicios de los ecosistemas”.
Este principio puede ser utilizado en agroecosistemas estableciendo mezclas, en lugar de monocultivos, de especies de cultivos de cobertura que varían en las funciones que proporcionan. Las gramíneas generalmente producen de forma excesiva, las brasicáceas generalmente tienen un rendimiento inferior cuando se plantan en mezclas en comparación con situaciones que contemplan su monocultivo. También se demostró que algunas especies pueden pasar mejor el invierno en mezclas que en el monocultivo.
Sin embargo, la diversidad de la mezcla puede verse comprometida si las mezclas se plantan más tarde y si se incluyen competidores agresivos (como el centeno). La siembra de toda la semilla a una sola profundidad también puede comprometer la capacidad de crecimiento, las especies de semillas más pequeñas (como el trébol rojo) tienen más dificultades para establecerse y competir con especies de mayor crecimiento y mayor tamaño (como las gramíneas y algunas leguminosas). La pérdida de diversidad no sólo entraña un costo económico de plantar especies que no se establecen, sino que también puede dar lugar a una pérdida potencial de servicios ecosistémicos deseados.

Efectos químicos
Uno de los servicios de estos cultivos es la contribución de N de las leguminosas para reducir los insumos de fertilizante nitrogenado al maíz que sigue en la rotación. Sin embargo, las mejores opciones de manejo de cultivos de cobertura para maximizar el N al cultivo posterior son, en gran parte, desconocidas. “Coombs y colaboradores (2017) estudiaron la influencia del manejo de cultivos de cobertura de leguminosas (la especie, la densidad de siembra y el tiempo de terminación) sobre el N disponible en la planta y el posterior rendimiento de maíz cultivado en un clima templado húmedo”, indicó el especialista.
Estos autores -amplió- confirmaron la hipótesis de que hay mayor disponibilidad de N y mayor rendimiento de grano con la terminación del cultivo de cobertura en primavera frente a la terminación en otoño, y que existió una correlación positiva entre la tasa de siembra del cultivo de cobertura y el N disponible en el sistema. En la medida que se comprenda mejor cómo los cultivos de cobertura de leguminosas pueden influir en la dinámica del N y qué efecto tienen varias prácticas de manejo sobre la disponibilidad de N, es más confiable hacer una recomendación a los productores.
Las especies leguminosas utilizadas como cultivos de cobertura retienen menos N que las especies no-leguminosas, debido a que cumplen con parte de su demanda de N a través de la fijación biológica. Las mezclas de cultivos de cobertura podrían mejorar el suministro dual (de retención de N y servicios de suministro de N) en relación con los monocultivos de cobertura, pero las prácticas de manejo de cultivos de cobertura que minimizan las compensaciones entre estos servicios no son bien conocidas.
Alcanzar altos niveles tanto de suministro de nitrógeno como de servicios de retención de nitrógeno es posible cuando las mezclas con bajas proporción de no leguminosas pueden reducir sustancialmente el potencial de lixiviación de nitratos, lo que puede ser facilitado por el mantenimiento de concentraciones bajas de nitratos en el suelo previo a la implantación del cultivo de cobertura en otoño, y evitando la inclusión de leguminosas en invierno en la mezcla, y el uso de especies no leguminosas que son las más eficientes en la retención de N.
Casos prácticos
La puesta en práctica de estos conocimientos es una realidad para muchos productores y técnicos. En el centro santafesino, los asesores Diego Hugo Pérez y Leonel Tornotti hace varias campañas que prueban distintas alternativa y miden sus resultados. Tras considerar la incorporación de la tecnología RR como el último avance en la agricultura, consideran que actualmente se avizora “una agricultura totalmente diferente, llena de procesos y no de insumos, donde la “muñeca” de los productores será determinante en el resultado y por ende en la sustentabilidad de las empresas productoras de alimentos, con todas las características y formas de producción que la sociedad demanda”.
En función de lo anterior, afirman que en esta “nueva era de la producción, donde la pala, el lote, las horas campo, el detalle, el poder de observación de la naturaleza y su máxima valoración, serán claves del éxito”.
En el equipo de trabajo que dirigen llevan cuatro años observando, midiendo y transfiriendo al medio ventajas y desventajas de cada especie o consociación de especies de cultivos de cobertura con diferentes objetivos. Partiendo de la premisa “suelo sano, cultivo sano”, en principio estudiaron variables como consumos de agua y determinaron el “costo hídrico” de cada especie (rondando los 50 a 100 mm. de agua). Hoy esta variable, en casos de napas freáticas amenazantes, termina siendo beneficiosa generando espacios “secos”, con aire, capaces de amortiguar determinado nivel de lluvias.
Otra de las grandes ventajas es el control natural de malezas que realizan estos cultivos. “Tenemos lotes sembrados con vicia villosa que no se aplicaron nunca y que se rolarán (para realizar control mecánico) previo a la siembra de maíz en diciembre. Esto es algo, sin lugar a dudas, desde el punto de vista ambiental, de lo mejor”, indicaron, señalando que puede ser especialmente útil para las producciones en áreas periurbanas.

Infiltración y fijación
Sumado a esto, los cultivos de servicio también aportaron carbono (principal constituyente de la Materia Orgánica) al sistema, así como también gran cantidad de nitrógeno, nutriente número uno en la limitante a la producción de gramíneas (y ahora también observándose algo en soja). También observaron cómo la estructura del suelo se modifica, generándose agregación en los primeros centímetros.
“En el caso de avena o centeno de cobertura pudimos ver como en 100-120 días entre siembra y secado del cultivo se genera un gran volumen de biomasa que compite de forma extraordinaria con las malezas, generando un “colchón” de rastrojo para lograr máxima eficiencia de absorción de gotas de lluvias”, indicaron. Los valores de infiltración básica en cultivos de cobertura rondan los 80-100 mm/hora mientras que en rastrojos en barbecho rondan los 50-60 mm/hora.
“También estamos probando consociaciones de especies (gramíneas + leguminosas + crucíferas) de cultivos de cobertura (como hace muchos años hacen los franceses) con el objetivo de diversificar estratos de consumos de agua, nutrientes, biomasas de diferentes relaciones carbono/nitrógeno, con variabilidad en la profundidad de exploraciones radiculares, atracción de insectos benéficos, son algunos ejemplos de lo que buscamos”, ampliaron.
Por otro lado, mencionaron que los niveles de producción luego de los cultivos de cobertura (CC) son excelentes Por ejemplo, mencionaron un caso de la campaña pasada 2016/17 en maíz de segunda, en el que se sembraron en el mes de Junio diferentes cultivos de cobertura y trigo con destino a grano. Se fertilizaron todos con 80 kg/ha MAP y al trigo se lo fertilizó con 70 kg/ha N + 12 kg/ha S. Luego en diciembre se sembró el maíz con 160 kg/ha de urea sobre trigo/ray grass y avena y nada sobre vicia y tréboles (balanza y persa). “Lo interesante -afirmaron- son los valores obtenidos de maíz sobre leguminosas sin fertilizante nitrogenada”.
También pudieron ver cómo los tréboles (fijando nitrógeno) y raygrasses produjeron semillas que se resembraron y a la hora de la cosecha del maíz se genero una gran cobertura que implico no tener especies como rama negra en el barbecho. “Hoy esas franjas se dejaran para seguir midiendo su impacto en el cultivo siguiente en la rotación”, concluyeron.
Prevenir es más económico
Luis Lafranconi / INTA Río Primero
Somos concientes que la lucha contra las malezas cada vez se agudiza más y vemos que necesitamos una caja de herramientas más amplia que vayan más allá de los herbicidas.
Desde INTA trabajamos sobre los cultivos de cobertura como la cebada, el centeno y el triticales. Incluso seleccionamos algunos pelletizados y los utilizamos en siembras aéreas a fines de abril. Con ello buscamos la oportunidad de la siembra de estos cultivos en una fecha clave para demostrarle al productor que es una técnica superadora, que mantiene el rastrojo del maíz en su lugar y disminuye le aparición de las malezas.
En los últimos años, los costos para combatir las malezas se multiplicaron, hoy un campo con rama negra o yuyo colorado pasamos de gastar U$S 25 a gastar cerca de 100.
Además, en las zonas periurbanas un avión puede trabajar no aplicando plaguicidas, sino sembrando cultivos de cobertura. Y esa es otra estrategia para hacer más amigable a esta tecnología con el ámbito urbano.
En la zona de Río Primero acumulamos más de 25 ensayos y seguimos aprendiendo. Todavía no tenemos una herramienta sola para “matar” a las malezas. Empezamos aplicando herbicidas, vimos que los sistémicos ya no funcionaban y que podemos quemarla con desecantes y mezclas para darle una ventana de siembra al productor. Hemos logrado también posicionar los maíces resistentes como otra herramienta. Evaluamos también estrategias de manejo que tal vez impliquen hacer maíz dos años seguidos, para impactar en la fisiología de la maleza, que no produzca semilla ni mata, ni cosechar esas semillas junto con el cultivo.
Hoy hay malezas complicadas que hablan de la rotación como única herramienta. Si no podes impactar en la maleza, ella impactará en tu bolsillo. La prevención es lo mas económico, sacar la maleza con la pala es lo mas barato que hay,

Sistemas agrícolas-ganaderos flexibles

La agricultura que viene deberá tener estas cuestiones ambientales en primer lugar. También estamos fomentando la producción ganadera en las empresas: recrías pastoriles a campo con encierres de terminación. De esta manera las recrías a campo sobre verdeos de invierno, más un bajo porcentaje del área de pasturas permanentes, permiten tener el campo siempre verde, absorbiendo radiación solar, consumiendo agua y generando carbono en forma continua.
Así las empresas tendrán sistemas agrícolas-ganaderos flexibles, rentables, sustentables y con mucha vida. Esto último, que parece metafórico, es algo de suma importancia, porque genera empleos, reconstrucción de taperas, reforestación de los campos, manejo por ambientes (la mayoría de los campos tiene ambientes no agrícolas) bien en detalle y por lo visto en el mundo, los agroalimentos de Argentina tienen esas cosas en su fondo, el desafío es llevarlo nuevamente a la práctica (como lo hicieron generaciones anteriores muy bien) con toda la tecnología y conocimiento disponible.

Fuente | El Litoral