Trigo, la sanidad ante todo

Escrito por Florencia Sambito - Maleza Cero. Posteado en Novedades

El trigo es un cultivo que cumple un rol fundamental en los planteos rotacionales agrícolas de la Argentina. Se estima para este año un incremento en la superficie sembrada debido a factores relacionados con el contexto climático, el margen bruto que arrojan los ejercicios y la buena relación insumo – producto. Hay que tener en cuenta que la creciente problemática de malezas, es otro factor adicional que empuja a los productores a incluir al trigo en las rotaciones, debido a la supresión de malezas que realiza esta especie durante su cultivo.

AUTORES
David MELION
UNIDADES
Bragado, E.E.A. Pergamino
PROYECTOS
Contribución al desarrollo del territorio agrícola ganadero del centro.

Para tener una buena expresión de su rinde hay que promover el uso de todas las tecnologías disponibles. Actualmente, el paquete tecnológico asociado al cultivo es de alto valor; desde la amplia oferta de genética disponible hasta las técnicas de manejo, incluida la fertilización y el manejo sanitario del cultivo. En la zona de influencia de Bragado, al igual que en otras zonas productivas, la tendencia a incrementar el uso de insumos para maximizar los resultados se vio favorecida. Los funguicidas, fitosanitarios para el control de enfermedades fúngicas, están incluidos dentro este paquete de insumos.

En relación al manejo sanitario del cultivo, las últimas campañas proponen un análisis particular. La oportunidad de aparición de las enfermedades se encuentra regulado por la interacción de las tres variables necesarias: un hospedante susceptible, la presencia de la enfermedad y las condiciones ambientales predisponentes.

Dentro de las enfermedades que afectan al trigo, la roya anaranjada (Puccinia triticina) y mancha amarilla (Drechslera tritici-repentis) son las más prevalentes, pero en las últimas dos campañas aparecieron la roya negra o del tallo (Puccinia graminis) y la roya amarilla o estriada (Puccinia striiformis). La ocurrencia de esta última, en Argentina solo había sido esporádica y estaba limitada a regiones con temperaturas medias más frías, como el Sudeste de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, la roya amarilla se ha extendido a regiones con temperaturas medias más altas, tomando carácter de epifitia y apareciendo como un serio problema en nuestra zona triguera. En la pasada campaña, debido a que la roya amarilla apareció en forma temprana y agresiva, los productores se vieron obligados a realizar aplicaciones adicionales de funguicidas en variedades susceptibles. El grado de incidencia y severidad de esta enfermedad está relacionado al comportamiento de cada variedad frente a la misma.

Un manejo adecuado arranca con la elección de una variedad que tenga buen comportamiento a una determinada enfermedad. Luego, la elección de la fecha de siembra y la fertilización determinan comportamientos diferentes frente a la misma adversidad. Por último, y como se mencionó anteriormente, se cuenta con el manejo químico a base de funguicidas y dentro de estos, los que se aplican sobre la semilla y los de uso foliar.

La elección de una variedad por su rendimiento hace que la sanidad de las mismas muchas veces no sea tenida en cuenta. En este aspecto, las pérdidas potenciales por enfermedades en materiales susceptibles, merecen que al momento de elegir la variedad a utilizar, se deba buscar un equilibrio entre las variables: rendimiento y perfil sanitario. Esta elección es considerada una herramienta de bajo costo ya que, la toma de decisión acertada define el impacto que pueden tener a futuro las enfermedades fúngicas sobre el rendimiento potencial del cultivo. Entre otras fuentes de información, se dispone de la RET, red de ensayos comparativos públicos y de libre acceso, coordinada por INASE en las distintas subregiones trigueras de nuestro país. Los datos pueden consultarse y descargarse en su página web: https://www.inase.gov.ar. Adicionalmente el INTA realiza ensayos en diferentes localidades y evalúa también el comportamiento de los distintos materiales.

El empleo de terápicos de semilla (curasemillas), es una práctica recomendada en trigo por los beneficios que otorga en las etapas de germinación y emergencia del cultivo. Son momentos donde la presencia de patógenos en la semilla y en el suelo puede afectar el normal desarrollo de las plántulas, generando en ellas, el inicio de la enfermedad que puede derivar en una planta debilitada o directamente en su muerte. En otros casos cuando la presencia de patógenos es externa a la semilla, el momento de germinación puede ser aprovechada para ingresar a la plántula y crecer así de manera sistémica dentro del tejido vegetal afectando etapas de crecimiento y desarrollo. Numerosos trabajos mencionan la ventaja de utilizar los curasemillas y lograr implantaciones con menor incidencia de mancha amarilla por ejemplo. Para roya amarilla, y para infecciones tempranas sobre plántulas, se recomienda mejorar la protección utilizando triticonazole, y adicionalmente, mezclarlo con alguna carboxamida o flutriafol como tratamiento preventivo en la semilla.

Una vez que avanza el ciclo del cultivo de trigo, para decidir el control químico foliar debemos seleccionar el funguicida a utilizar y el momento oportuno de aplicar el mismo. En relación al primer aspecto, existe actualmente una amplia gama de productos comerciales con distintos principios activos e incluso la combinación de ellos, con dos y hasta tres en un solo producto. Mayoritariamente los principios activos pertenecen al grupo de los triazoles y las estrobirulinas, y últimamente se incluye un grupo más nuevo, denominado carboxamidas. Todos son de amplio espectro, o sea, controlan un gran número de enfermedades fúngicas, y en cuanto a su modo de acción, algunos son curativos y otros preventivos. Cuando nos referimos al momento oportuno de aplicarlos, se hace necesario destacar la importancia del monitoreo de las enfermedades durante el ciclo de cultivo y la utilización de criterios de umbrales para la toma de decisión. Normalmente las aplicaciones de funguicidas se hacían cuando el trigo desplegaba su hoja bandera. Este criterio, de aplicar en función de la fenología del cultivo no es válido. Se recomienda recorrer y monitorear los cultivos cada 3 o 4 días en estadios tempranos. Tener presente que la roya amarilla aparece por manchones o rodales lo cual dificulta su detección. Es probable que en 2018, esta roya tenga características de epifitia nuevamente, debido al alto porcentaje de siembra de materiales susceptibles en primer medida y a las condiciones ambientales predisponentes en segundo orden de importancia. Las esporas de la enfermedad se trasladan grandes distancias con el viento. El umbral de acción se determinó en un 30% de incidencia o 1% de severidad.

Al estar atentos a la roya amarilla, o sea, si se realiza un monitoreo periódico y responsable de los lotes; la detección del resto de las enfermedades, sobre todo roya anaranjada se facilita. La distribución en el lote de esta última es más uniforme y su aparición permite ir planificando el control de manera menos precipitada. El umbral de acción es de 12 a 17% de incidencia, siendo menor este valor (5 a 10%) en variedades muy susceptibles.

En el marco de las buenas prácticas agrícolas, el control de las enfermedades debe contemplar todas las herramientas disponibles para lograr un buen resultado. Esto posibilitará, no sólo tener un cultivo más sano, sino también la oportunidad de lograr el objetivo, respetando al medio ambiente. Debe cumplirse la premisa de rotar los principios activos disponibles en el mercado, evitando la generación de resistencia por parte de los patógenos, como así también, promover la eficiencia y la eficacia de los tratamientos, realizando todos los controles pertinentes a una buena práctica de pulverización.

Por todo lo mencionado, es importante prender luces de alerta para evitar pérdidas de rendimiento. La correcta planificación y aplicación de todas las herramientas tecnológicas disponibles permiten disminuir los riesgos y aumentar las posibilidades de obtener los resultados esperados al momento de decidir la siembra de los cultivos.

REFERENCIAS
Áreas geográficas alcanzadas

Fuente | INTA Argentina

El desafío de “resistir” a las malezas resistentes

Escrito por Florencia Sambito - Maleza Cero. Posteado en Novedades

En la última década, la aparición de especies no deseadas que toleran a los herbicidas obliga a replantear qué sembrar y a volver a la labranza, la rotación y los cultivos de cobertura.

Desde hace aproximadamente una década, la agricultura en la Provincia de San Luis ha tenido que enfrentar un nuevo fenómeno que obliga a repensar la forma en que se hacen los cultivos: la aparición de malezas resistentes o tolerantes a los herbicidas. En la última campaña gruesa, la emergencia de estas especies se vio potenciada y constituye un desafío más para los productores locales a la hora de planificar sus siembras. ¿Cómo combatir las especies no deseadas si el control químico es insuficiente?

Entre las múltiples causas que los investigadores y analistas describen para explicar el fenómeno, hay una que aparece con frecuencia. La simplificación de los sistemas productivos que significó el cambio de la labranza del suelo por la siembra directa modificó radicalmente la agricultura, la hizo mucho más eficiente y económica pero trajo aparejado un efecto colateral: en muchos casos, el cuidado de los lotes se redujo a solamente a la aplicación de productos químicos.

Hay una cifra que explica claramente ese paradigma. Entre 1990 y 2008, más de 450.000 hectáreas de pastizales pampeanos semiáridos fueron reemplazados por cultivos, en su mayoría estivales y durante mucho tiempo sin la conciencia de la necesidad de las buenas prácticas agrícolas.

De un tiempo a esta parte, la realidad de los terrenos y las plantaciones obliga a hacer el proceso inverso. Una serie de estrategias que habían dejado de realizarse, reaparecen como un medicamento necesario para aliviar la expansión de los males del suelo. Entre ellas se destacan la rotación de cultivos, la cobertura y el regreso a la labranza tradicional en lugar de la difundida siembra directa.

Jorge Garay es uno de los investigadores que integra el grupo de Producción Agrícola del INTA San Luis, en el que se abocan específicamente al estudio de las malezas en la provincia y las diferentes formas de controlarlas. Con la información que recabó su equipo y los datos que aportaron asesores de diferentes partes de la geografía puntana, desde hace algunos años empezaron a percibir cómo aparecían especies que se rebelaban al ataque de los productos aplicados. En la mayoría de los casos comenzaron a notar pequeños manchones que teñían los cultivos, pero con el paso del tiempo se multiplicaron y se extendieron hasta tomar grandes porciones de la superficie sembrada.

En la provincia, aseguró el investigador, las especies más problemáticas son prácticamente las mismas que afectan al área productiva de Córdoba, Buenos Aries, Santa Fe y La Pampa. Sin dudas es el “yuyo colorado”, de nombre científico Amaranthus Palmieri, el gran enemigo de las cosechas en esta región por su gran velocidad de multiplicación.

“Este año hemos visto que se ha expandido por todos lados, algo que ya se avizoraba que podía suceder. Es una especie dioica, es decir que una planta tiene el pie masculino y otra la flor femenina. Por eso, cada ejemplar tiene la capacidad de producir hasta 500.000 semillas. Si no se toman los recaudos necesarios, un pequeño plantín al año siguiente puede tomar la mitad del lote”, explicó.

En la última campaña gruesa, las condiciones climáticas fueron bastante variables en las diferentes regiones productivas del territorio puntano. Una gran parte de los departamentos Pedernera y Vicente Dupuy estuvo marcada por temperaturas extremas, que pasaron de calores intensos a heladas tempranas, la caída de varios episodios de granizo y, fundamentalmente, una sequía muy pronunciada. Mientras que en otras zonas, como en los alrededores de la ciudad de San Luis y en el Valle del Conlara, los registros fueron similares pero mucho más leves.

Como es nativa de zonas muy cálidas y secas (es originaria de la región de Texas, en Estados Unidos, y se fue acondicionando a diferentes partes del mundo), al yuyo colorado le favorece que haya sequía, “porque ante la falta de humedad los cultivos no se desarrollan, pero la maleza sí. Está adaptada para crecer con temperaturas de hasta 45 grados centígrados, entonces tenemos poco rendimiento del maíz o la soja y el Amaranthus aprovecha a expandirse”, expuso Garay.

No sucede lo mismo con otras breñas que al igual que la mayoría de los cultivos requieren de humedad para crecer y desarrollarse.

Según un estudio del INTA de Tandil, el “yuyo colorado” fue la primera maleza declarada resistente a los herbicidas en Argentina, en 1996. La llegada de la soja tolerante al glifosato generalizó rápidamente su control y el biotipo dejó de ser un problema. Ahora con ese producto ya no alcanza y a la especie se le sumaron otra lista de malezas, como rama negra, cortadera chica, flor de Santa Lucía, roseta, gramilla resistente, pata de ganso y sorgo de Alepo, entre otras.

La Red de Conocimiento en Malezas Resistentes (REM) publicó datos sobre que durante 2017 hubo en San Luis al menos 791.691 hectáreas afectadas por yuyo colorado, la gramilla resistente (Chlorideas) y el sorgo de Alepo (Sorghum halepense) y afirma que el 80% del área agrícola provincial fue tomada por esas tres clases. La investigación no incluyó a la rama negra (Conyza spp.) porque estiman que su expansión se encuentra en torno al 100% del territorio nacional y es la más abundante y problemática. Pero sí suma a otras tres especies nocivas: Echinochloa colona (capín), Eleusine indica (pie de gallina) y Lolium spp (raigrás), aunque ninguna de las tres fue detectada en la provincia de San Luis.

El estudio está realizado con una metodología que recaba información de todo el país y calcula el porcentaje de los lotes sobre los que se aplicaron herbicidas o sobre los que se debería haber colocado. Así, registraron la información de 200 partidos y departamentos de las diez provincias argentinas con mayor superficie de agricultura extensiva (Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, San Luis, La Pampa y Buenos Aires), y se hizo a través de consultas a varios técnicos de cada uno de estos lugares. Al menos tres profesionales de cada distrito aportaron datos que luego se promediaron para obtener el porcentaje de la superficie agrícola afectada.

En el territorio argentino, el yuyo colorado está presente en más de 13 millones de hectáreas, lo que representa el 46% de la superficie que mapearon. Le siguen la gramilla con 8 millones de hectáreas, el sorgo de Alepo cubre algo más de 5 millones de hectáreas, al igual que el pie de gallina. En todas estas especies, Córdoba es la provincia con más terreno afectado.

El capín ocupa 4,5 millones de hectáreas en el país, y predomina en Santa Fe y Entre Ríos. Por último, el raigrás tiene influencia en dos millones, de las que un 75% pertenecen a Buenos Aires.

Hacia un manejo integral

Para Garay, uno de los motores que propulsó la aparición de malezas resistentes es la simplificación de la producción agropecuaria que se ha dado en la mayor parte del área agrícola puntana y de todo el país. “Se hace rotación de cultivos anuales sin incorporar pasturas, que son las que realmente aportan beneficio para el suelo y el sistema. Vivimos ante una demanda de rentabilidad constante y muchas veces hacemos soja sobre soja, de manera extrema, sin siquiera incorporar una gramínea como el maíz o el sorgo. Cuando ocurre esto, uno de los tantos problemas que trae aparejado es la gran presión que se ejerce sobre el sistema aplicando únicamente glifosato. Eso hace que haya poblaciones que empiezan a resistir ese herbicida y llega un momento en el que no les provoca ningún daño ni efecto”, explicó el agrónomo.

Por eso, en los últimos años cobró nuevamente valor el manejo integrado de malezas, una forma de incorporar buenas prácticas agrícolas que ayuden a retener la emergencia de las especies no deseadas, sin depender exclusivamente de la utilización de herbicidas. No son recetas mágicas y sus resultados se pueden apreciar recién en el mediano y largo plazo, pero en muchos ensayos y experiencias a lo largo y ancho del país, han demostrado una influencia potente en la reducción de las poblaciones problema. Entre las estrategias más comunes aparecen la rotación y la inclusión de cultivos de cobertura entre campaña y campaña.

Cuando en los campos predomina el monocultivo, los suelos padecen varias consecuencias que terminan por afectar su rendimiento. Al quedar desnudos en el período que hay entre una cosecha y la siguiente siembra, se incrementan los riesgos de voladuras y erosión.

Pero al mismo tiempo, los lotes pierden capacidad de filtrar y aprovechar el agua disponible, que empieza a colmar la napa, a ascender a la superficie y a escurrirse. En esa acción, se lleva consigo los pocos rastrojos que pueden existir, sedimentos muy ricos en materia orgánica, nitrógeno, fósforo y otros nutrientes esenciales para la producción agrícola.

Por lo tanto, una de las recomendaciones de los especialistas es alternar la especie sembrada en cada temporada, puesto que cada planta tiene requerimientos nutricionales diferentes y el suelo tiene más tiempo para recuperar aquello que ha perdido.

Pero también se vuelve necesario incorporar verdeos antes de levantar la cosecha, que funcionen como un escudo para el terreno ante el impacto de la lluvia o del viento, aporten raíces y rastrojos, y le den uso fructífero al agua que cae de las precipitaciones o la que está disponible en el perfil.

Entre esos y muchos otros beneficios que tienen los llamados cultivos de cobertura, también cumplen un rol importante en el control de malezas porque “compiten por los mismos factores que son escasos como el agua, la luz y los nutrientes”, explicó Garay.

Además, al generar hoja y materia verde, impiden que la luz ingrese hasta la profundidad del suelo y evita que las semillas de las especies no deseadas se desarrollen. “Por ejemplo, el centeno es un excelente cultivo de cobertura para el control de malezas de otoño, de invierno y de primavera. Nos está dando excelentes resultados con yuyo colorado y rama negra. Dentro del centeno hay diferentes variedades con distintos comportamientos, algunas tienen mejor eficacia que otras porque producen más materia seca, más biomasa. También realizamos pruebas con avena, triticale o cebada”, contó.

Otra de las grandes tendencias en el afán de combatir las malezas es el regreso a la labranza, una forma de preparar el terreno para la siembra que había quedado en el olvido ante las conveniencias que trajo la siembra directa. “Desde 1996, con la aparición de la soja resistente prácticamente no había más labranza. Pero ahora, como sucedió en Estados Unidos, vamos a tener que volver a hacer donde se pueda. Por supuesto que no vamos a poder incorporarla al sudoeste, donde los suelos son muy arenosos. Pero en los lugares donde no haya riesgos de voladuras y el suelo lo permita, tener la labranza va a ayudar a eliminar el banco de semillas del yuyo colorado”, dijo.

Es que al remover la tierra, las semillas quedan enterradas unos diez centímetros y ya no germinan porque su desarrollo es bueno en superficie pero no en profundidad.

Otra estrategia que está en prueba es el achicamiento en la distancia de surcos en maíz o soja, para hacer una especie de pantalla o paraguas que evite que ingrese la luz hacia el suelo, que es lo que necesita la maleza para crecer “Es la famosa señal luminosa que necesita esa semilla para romper dormición y germinar. Al achicar la lejanía entre los surcos al máximo que la sembradora lo permita, les quitamos esa luminosidad”, contó.

Además, el especialista aconsejó que la limpieza de las máquinas cosechadoras cuando entran y salen de los campos es fundamental para impedir que las especies se expandan por los establecimientos y las diferentes localidades. Cuando se cosechan los manchones de este tipo de malezas, las semillas quedan incorporadas y las máquinas las llevan por toda la región. “Esto ocurrió en la campaña de 2012, cuando el yuyo colorado se trasladó con los tractores hasta la provincia de Salta desde Córdoba, porque no se conocía bien y no se tomaban recaudos”, recordó el agrónomo.

Garay contó que para implementar nuevas estrategias realizan ensayos y prácticas en pequeñas superficies en la experimental y en establecimientos privados. Si los resultados son los esperados, publican los procedimientos y les aconsejan a los productores que también los prueben en sectores chicos de sus tierras hasta comprobar que son útiles para sus campos.

Pero más allá de las diferentes prácticas que los especialistas aconsejan a los productores, la aparición de cada vez más malezas resistentes pone de relieve la importancia del monitoreo, “una palabra que ha vuelto a ser clave en estos tiempos”, calificó el investigador.

“Hay que estar encima de los lotes haciendo monitoreo, que es lo que se dejó de hacer porque con la simplificación del uso del glifosato directamente por teléfono se pedía que se apliquen tantos litros y listo, no había problemas. Ahora antes, durante y después de la cosecha tenemos que estar sobre el terreno viendo qué especies hay y cuáles pueden generar algún inconveniente a la producción”, cerró.

Fuente | El Diario de la República

Combatiendo malezas: distintos enfoques para cada zona en particular

Escrito por Florencia Sambito - Maleza Cero. Posteado en Novedades

El manejo de las malezas es actualmente uno de los mayores desafíos que enfrenta la agricultura. Mirá las herramientas disponibles para lograr un mejor control.
Por Agrofy News

En el marco del Congreso Argentino de Malezas 2018 tuvo lugar un panel moderado por el Ing. Agr. Daniel Tuesca, de la Universidad Nacional de Rosario, en el que distintos especialistas comentaron cómo evolucionó la problemática respecto al control en cada zona en particular.

CENTRO DE CÓRDOBA
Diego Ustarroz, del INTA Manfredi, comentó que en la región central de Córdoba en los últimos tres años comenzaron a tener afectaciones importantes de yuyo colorado. Frente a esto, la incorporación de trigo y cultivos de cobertura trajo muy buenos resultados para el control.

“Poniendo en la balanza fue más lo que aportó a las complicaciones que generó la incorporación de trigo en los planteos para combatir al yuyo colorado”, comentó Ustarroz al mismo tiempo que recomendó recortar los barbechos y rotar bien soja y maíz para poder rotar herbicidas.

SUR DE BUENOS AIRES
En tanto, Marcos Yanniccari, de la Chacra Experimental de Barrow y del CONICET, se refirió a las resistencias múltiples raigrás en la provincia de Buenos Aires, los mecanismos de resistencia y sus implicancias en el manejo.

“No se puede usar una única receta para los lotes que están afectados”, destacó Yanniccari y explicó la importancia de realizar mejores aplicaciones en barbecho: “Utilizar dosis, dentro del rango recomendado, en el nivel más alto y cuando la maleza se encuentra en el estadio más pequeño posible”.

Mirá la entrevista completa.

Evolución en la distribución de malezas resistentes y tolerantes a herbicidas en el NO de la Provincia de Buenos Aires

Escrito por Florencia Sambito - Maleza Cero. Posteado en Novedades

En el presente trabajo, correspondiente al período primavera-verano 2017-18, se continuó con el registro de la evolución de la distribución de malezas resistentes y tolerantes a herbicidas en el NO de la Provincia de Buenos Aires. Los relevamientos fueron realizados en las diferentes zonas durante los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre de 2017 y enero, febrero y marzo de 2018 en un total de 386 lotes.